México no estuvo hecho para ti, Madero.
En un México lleno de angustia, de un progreso que se presumía, pero era para pocos. Una constitución, aparente mente la mejor de Latinoamérica, pero que solo era un papel de adorno. La palabra de Don Porfirio, la Ley. La democracia, una simple leyenda. Indígenas trabajando hasta morir en el sur de México, el Norte olvidado y dejados a la ley del monte donde el Salvaje Oeste estadounidense era un paraíso comparado con Durango.

